Otro de mis viajes que no puedo olvidar fue a una Isla perdida pero maravillosa en el Pacifico (parte de Panamá), aproveche mi aventura a aquel país y me aconsejaron visitarla, la experiencia fue única. La andadura comenzó cuando en el mini aeropuerto nos pesaban para montarnos en la avioneta, había un par de viajeros algo rellenitos y los contaban por dos, era prehistórico pero nos hizo gracias, el problema fue al despegar y al aterrizar las gracias se transformo en miedo a volar. El aeropuerto de la Isla de Contadora era como una cafetería y la pista de aterrizaje cruzaba la isla de punta a punta no tenía más de un kilómetros, aunque lo peor no era caer al mar en aquella avioneta sino que aquellos mares eran habitados por tiburones, una aventura real que ahora recuerdo con cariño.
La Isla de Contadora es una preciosidad de un kilometro cuadrado, contaba con un hotel propiedad en aquel entonces de un gallego, el hotel disponía de bungaló perfectamente equipados, un casino, un duty free que estaba genial, varios restaurantes desde comida Italiana hasta especializados en mariscos, además de unas playas de ensueño, discotecas y miles de opciones para poder disfrutar. Desde el buceo hasta las motos acuáticas para ir a otras islas.
Nos pasaron muchas cosas curiosas , además de hacer grandes amigos, también el grupo de españoles tenemos en nuestra mente numerosas anécdotas, entre ellas las más destacadas era que la playas estaban limitadas con redes para los tiburones cosa que me daba mucho miedo pero la guía te decía que no pasaba nada ya que comían al atardecer(un verdadero consuelo), la isla contaba con unas seis o diez viviendas particulares eran mansiones con atraque propio entre las que estaba la de Christian Dior, otra curiosidad es la visita que hicimos a en barco a una isla cercana , tenía solo una vivienda del tipo “Película Perdidos”, estaba en venta (el precio creo que era un millón de dólares de aquella época).
Pero lo que más me sorprendido fue el negocio de las perlas, una de las islas colindantes cuyo único ingreso y modo de vida, era el turista que iba en excursión allí y le pedía a uno de los indígenas una perla, este se tiraba a bucear en busca de alguna mientras tu paseabas y tomabas algo por allí haciendo tiempo, no eran baratas las perlas naturales ni estaba pulidas pero sí que eran preciosas yo particularmente no compre ninguna porque según la guía ese día no eran de calidad y me pedían mucho.
Entre las excursiones que podría recomendaros si vais a alguna isla de este tipo (paradisiaca, tropical),es la excursión en motos de agua era genial el único problema es que no debías caerte al agua muchas veces por el tema de los tiburones, os prometo que no me caí ni (una parecía una lapa pegadita a una roca), otra excursión fue de motos 4x4 de tierra fue alucinante además de peligrosa, las motos eran enormes para dos y tres personas con mucha potencia saltando entre la selva por caminos salvajes, las demás excursiones eran más tranquilas en plan cruceros y vistas de animales, pero una de las que me negué a hacer fue el buceo con botellas para observar la fauna y la zona de tiburones ibas con profesionales pero aun así me retire con dignidad de la propuesta. Sin duda la Isla de Contadora fue una apuesta acertada en mi diario de viajera atrevida. Maja


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