MI VIAJE A EGIPTO.
Antes de entrar en mi relato, quiero dejar constancia de la suerte que tuve en conocer un grupo de personas encantadoras y solidarias. Así cómo mi admiración por la prehistoria de Egipto y mi respeto por su historia política. Y manifestar mi comprensión por las inercias que heredaron y sus esfuerzos por intentar superarlas para prosperar.
Todo empezó el día 22, nuestra llegada a la ciudad de Aswan, marcaba el inicio de una ilusión quedaban por delante seis días de visitas, muchas cosas nuevas para nosotros.
La misma noche que nos hospedamos en el barco, marcó el inicio de la incertidumbre.
Sólo llegar se nos congregó en el salón del bar, acto seguido se organizó una tómbola para adjudicar los camarotes. ¿A cuento de qué?.No tardaríamos en descubrirlo,¡ muchos olían mal!
Después llegó la cena, había problemas con las mesas y sillas del comedor, querían que durante todo el trayecto ocupáramos siempre la misma silla de la misma mesa. Algunos recordamos nuestra época escolar con las monjas.
Lo que resulto desagradable para mí, ya que debido a la falta de mesas, no pude sentarme correctamente, pues me ubicaron en un lateral de la mesa que no era practicable para las piernas.
Después de cenar nos volvieron a reunir, el objeto de la misma era vendernos las excursiones y explicarnos que debíamos pagar en efectivo, de visa no querían saber, en nuestra conversación con el guía de IMAGE TOURS nos aclaró la intención de cobrar en negro. Dando pie al primer cabreo sostenible de los presentes.
Al día siguiente visita al templo de Abu Simbel, luego a la presa de Aswan y finalmente una cantera de escaso interés; así lo describió el guía. Otros alargaron su jornada visitando el pueblo nubio. El resto almorzamos en el barco.
Al caer la tarde el barco zarpó, Nilo abajo. Al anochecer recalamos, visitamos el templo de Kom Ombo. Tras las explicaciones del guía, regresamos al barco para cenar mientras reanudaba su marcha con rumbo a la ciudad de Edfu. Navegamos durante la noche, Tras el consiguiente madrugón tocaba visita al templo de Horus, luego regreso al barco y el desayuno. Fue entonces cuándo me percaté que empezaban a sobrar sillas en el comedor. Había pasaje con problemas intestinales, los vómitos y las diarreas fueron motivo de las especulaciones. Y las quejas no tardaron en llegar.
El viaje continua, el barco no puede perder el tiempo en Edfú. Hay que navegar con prisa rumbo a Esna. Nos explican que debemos tener paciencia para pasar la exclusa. “Hay que llegar pronto se puede perder un día entero”, dice el guía.
Hay gente que pregunta por el servicio médico de abordo,¡ no hay!, es la respuesta. Entonces la gente empieza a inquietarse, se han producido desmayos y muchos están guardando cama, pues las fiebres y el mal estar intestinal lo aconsejan. ¿Qué pasa con el médico? ¿Por qué no embarca? La respuesta del guía es taxativa: este no es el lugar adecuado para buscar un médico, son mata sanos. Segundo cabreo sostenible.
Esa misma jornada alcanzamos Esna, era medio día, estamos abarloados a otros barcos, el olor de las barbacoas nos recuerdan que estamos enfermos, abordo se suministran manzanillas, y los medicamentos escasean. Yo dispongo de primperán y suero oral. Lo comparto a todas esas personas que me lo piden, pero llega mi turno. Noto mi indisposición y me retiro al camarote.
Paso la tarde haciendo carreras al aseo, quizás me equivoqué, pero llevaba toda el día a base de suero oral y primperan. Y cada vez más débil. Me informan que hay un médico de camino. Una vez embarcado facilito mis señas para ser atendido. A la vez me tomo una coca-cola y luego acudo al comedor para cenar arroz blanco. En eso me dan arcadas, una necesidad improrrogable de vomitar, en carrera bajo las escaleras centrales y en un descansillo encuentro el aseo. Después de vaciar, mi estado es aun peor. Con la intención de alcanzar el camarote, inicio mi particular descenso por las escaleras, me desplomo haciendo aguas. Afortunadamente otro pasajero me agarró, evitando algo peor. El espectáculo era público, era el centro de atención del Sir Laurence. Había nervios, la situación superaba los escasos medios.
Yo me encontraba recostado en el camarote pronto recuperé el conocimiento, el médico me colocaba un suero en vena, con esparadrapo intentaba sujetar la botella a las cortinas, todo era caótico, mi camarote cómo el de los hermanos Marx. Gente entrando y saliendo.
El médico me informó de mi salida del barco hacia un hospital, con el fin de realizar unos análisis. Pero alguien muy interesado en que no hubiera pruebas irrefutables, de responsabilidad autoritaria. Consiguió desestimar la intención del doctor.
¿Y ahora qué? Son las 2:30 de la madrugada, estoy hecho polvo. Esta fue mi constestación. Me encontraba recostado frente al guía de IMAGE TOURS. Me estaba presionando para declarar ante un coronel turístico.¡Quieren que expliques lo sucedido y es mejor ahora que mañana!.
No había conciliado el sueño y estaba declarando sin un intérprete, ante un par de Egipcios. Manifestando que pese al trato correcto de la tripulación y del médico, entendía que existía una responsabilidad, pues era obvio que no se habían adoptado las medidas higiénicas necesarias en la manipulación de los alimentos. Ante lo cual ambos intercambiaron unas miradas de lechuzas.
Acto seguido firmé un acta en árabe y una transcripción en castellano de mi puño, de la cual no tengo copia y desconozco su suerte. Sólo quería reponerme y que me dejaran en paz.
Mi actitud fue ingenua, pues sin análisis, sin copia de las actas no existen pruebas de el qué y el cómo nos intoxicaron, pero la situación en ese momento me superó.
El viaje continuó y las visitas en Luxor se realizaron con muchas ausencias, pues más pronto o más tarde la gente enfermaba. Hasta el extremo que algunos tuvieron que viajar en avión con destino al Cairo en unas condiciones indecorosas.
¡Aterrizamos, estamos en El Cairo!
Nadie podía sospechar lo que podríamos descubrir en vísperas de noche buena.
Unos guías de IMAGE TOURS aguardaban en el aeropuerto nuestra llegada, soberbios, de aspecto macarra. Qué nos obsequiaron con unas explicaciones surrealistas, la ciudad, sus suburbios, los mejores mecánicos de coches del mundo, así cómo la hazaña del equipo local al derrotar el R.Madrid y otras perlas de escaso interés. Así se presentaba la ciudad. ¿Su historia? Para qué!
Tras comprobar el caos circulatorio, finalmente llegamos. Un establecimiento de tres estrellas en fase de reforma, andamios, y más andamios, esto y una fachada de la finca contigua repleta de equipos de aire acondicionado. En la fachada sobre el acceso principal un lacónico letrero de Happy New Year 2008, y que te den.. El autocar en doble fila, rodeados por algunos curiosos
¡Exclamaba el pasaje! ¿Qué es esto? ¿Dónde nos llevan?.
Todo el grupo tenía contratado un cinco estrellas superior, en la zona de las pirámides, también nos vale un Soffitel!, entre otras súplicas.
La bronca estaba servida, entonces el cabreo dominaba el escenario, y los guías se resistían escudándose en falsos pretextos. ¡Confusión!, llamadas de aquí, de allá. ¡Aquél nos dice¡, ¿y quién es tu madre? las maletas fuera! , Las maletas dentro!.Por momentos caían cascotes. El botones miraba al cielo no sea cosa que reciba, pensé por él, a su vez que se encaja el tarkuf .
¡las obras se realizan por las mañanas, a partir de las 10:00! decían los responsables
No aceptamos las condiciones de este hotel, hemos pagado por una categoría superior, esas y otras expresiones más fuertes fueron las quejas que se podían escuchar de nuestra parte. Finalmente gracias a la mediación de un viajero que domina la lengua vernácula, el Sr. Admed. por su diligencia a la hora de negociar el problema se tuvieron en cuenta nuestras quejas. Se nos hospedó en el hotel Gran Pirámides de Giza.
Un hotel bonito, elegante, tranquilo, dónde cinco empleados perfectamente trajeados con corbata son incapaces de freír un huevo, marcar el hotel en el plano de la ciudad o traerte la cuenta sin sobresaltos, ¡pero voluntariosos!, eso sí.
Y mucho. ” Im Sorry!”. ¿El Spa esta abierto? Im Sorry!
Finalmente llego la paz, la noche buena, las pirámides, los japoneses con mascarilla, los rezos de las mezquitas, los zumos de frutas. Entre apretones, cruzadas de piernas y carreras al wc completamos nuestra visita a Egipto.
Con mis mejores deseos para todos y especial mención aquellos que deseen conocer Egipto.
Luis Portella