Y tal vez la última, porque solo puedo decir que han sido dos vuelos con una impuntualidad altísima.

Para empezar, el vuelo de ida Madrid-Basilea salió con 2 horas de retraso. La excusa que nos dieron, una vez en el avión, es que el vuelo que llevó el avión hasta Madrid desde Casablanca había sido retenido una hora en Marruecos por causas desconocidas (o seguramente conocidas pero que no nos quisieron decir). Con esas 2 horas de retraso yo tenía complicado llegar a la estación de tren de Basilea y coger el tren que me llevase hasta Zurich, mi verdadero destino. Tuve suerte porque cogí el penúltimo.

El vuelo de vuelta fue aún peor. El retraso fue de 3 horas, sin justificación alguna por parte de easyJet y sin información alguna por parte de la compañía, solo sabíamos lo poco que salía en los monitores. Nos dieron como hora de embarque las 23:40, y el riesgo radicaba en que si el avión no despegaba antes de las 12 de la noche, aunque estuviésemos todos dentro del avión, tendríamos que volver a la terminal, desembarcar y verlas venir. Tuvimos suerte porque el avión despegó a las 23:55, pero no todo terminó ahí. Cuando llegamos a Barajas, a las 2 de la madrugada (teníamos que haber llegado a las 11 de la noche), los de AENA quisieron, en mi opinión, vengarse del retraso causado por la low cost. ¿Qué hicieron? Llevaron el avión hasta un finger pero no lo engancharon, así que estuvimos esperando 20 minutos dentro de la cabina hasta que llevaron una escalera a la puerta trasera y un par de autobuses para acercarnos a la terminal.

En definitiva, una vergüenza. Esto mismo no lo he vivido nunca con una de las compañías tradicionales, lo cual no quita para que suceda con frecuencia. Sin embargo, lo que sí tengo claro es lo que vi: todos los vuelos de easyJet que salieron de Basilea tenían un retraso fuerte. Parece que low cost también significa low service. Una lástima.