Reconozco que mi forma de viajar se aleja bastante de la del modelo crucero con todo (o casi todo) incluído en la que se realizan pírricas paradas en destinos que muchas veces merecen más dedicación. No tengo inconveniente en afirmar que soy demasiado inquieto como para no poder improvisar, decidir por completo una ruta o poner mis límites entre la proa y la popa. Pero no puedo negar que es una opción de viaje capaz de aportar sensaciones nuevas, muy placenteras y tan lícita y respetable como la del que le gusta perderse en la montaña o en los mayores antros de la India.


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